La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
El sr. y la sra. Z (cuatro): agujasLa cuarta entrega de la serie la escribe Portnoy: ¿viejo? ¿gran? ¿asiduo? colaborador de esta casa. Dice así: La señora Z suspende su labor, junta las dos agujas y escucha la respiración entrecortada por el esfuerzo de la lectura del señor Z.. Jadea, amor mío, jadea como un cerdo. Recuerda otros jadeos impregnados de saliva que llegaban a su oreja desde atrás, donde el señor Z. se agitaba presa de un frenesí bestial. La bestia, piensa, el cerdo que hay en ti, amor mío. Y vislumbra en la acerada punta de las agujas el rastro olvidado de la sangre de Raúl goteando hasta el suelo donde se oscurecieron en un charco viscoso. Renuncia a seguir tejiendo y mientras observa al señor Z. deja que las gafas se deslicen por la curva de su nariz cayendo finalmente sobre su pecho sujetas al cordón que envuelve su cuello. Su mirada se concentra en el señor Z. como si pudiera, observándole fijamente, penetrar en el interior de su cabeza. Un hombre es sólo esa cosa inhiesta que les precede cada mañana, una tumefacción sanguinolenta, la carne henchida que en última instancia controla sus actos y piensa por ellos. Un cuerpo cavernoso repleto de sangre, una ficción de espacio inexistente y que, sin embargo, muestran orgullosos y beligerantes al enemigo. Todo es cuestión de tamaño, de intimidación brutal, de supremacía tribal. Los hombres siguen siendo un poco animales, piensa la señora Z. haciendo tintinear la punta de las agujas. Eso explicaría lo de Raúl: Un plan del señor Z. pensado con la polla y ejecutado por pelotas. Una estupidez. Lo vi en una película, dijo el señor Z., una película de esas independientes de los años setenta cuando independiente era sinónimo de cutrez nos comemos a no sé quien de Paul no sé qué en fin he pensado que podemos hacer lo mismo ahora con internet y eso será mucho más fácil lo único que debes hacer es mostrarte disponible atraer a infelices con promesas sexuales no es como prostituirse no pongas esa cara no debes llegar a ese extremo si no quieres aunque si lo deseas sí será lo mejor porque en esos momentos es cuando un hombre está más desprevenido es más vulnerable sería como en esa otra película del manchego ese la de los toros pero con agujas de tejer en vez de peinetas la pequeña muerte convertida en muerte real la sangre brotando como un manantial de vida de su cuello atravesado por las dos agujas el hombre agonizante sobre ti y tu toda empapada de sangre creo que me estoy excitando querida luego luego nos comemos a la víctima filetes costillas suculentos caldos jamones embutidos y entrañas entrañas como el señor ese del Ulises que se comía un riñón y luego tu y yo en la cama yo detrás. La señora Z. suspira aliviada. Pensó en Raúl y en su sangre jamás derramada. Quizás le escriba esta noche, pensó atravesando al señor Z. con su mirada. Miércoles, 16 de Noviembre de 2005 19:19. Comentarios » Ir a formularioAutor: La donna è mobile Me hace gracia cuando dicen, comentan, atribuyen, murmuran, escupen, señalan que la maldad es cosa de mujeres. Yo siempre he creído que es como el Soberano, y HE AQUÍ LA PRUEBA. "Sólo es sangre", dice. Fecha: 16/11/2005 19:31.
Es buenísimo. Impactante estilo de escritura. Tienes un buen oponente (o complemento, Sita). Magnífico. Sí. Saf ;-)) Fecha: 17/11/2005 19:20.
Probablemente es buenísimo y tal y cual. Pero mi comentario no tiene nada que ver con la calidad. Sólo que los gustos son de cada cual, ya se sabe. Y a mí la casquería sólo me gusta en tapita de riñones al jerez. El resto se lo dejo a Hannibal Lechter. Simplemente es que no veo esa clase de pelis gore... :p Hala... a disfrutar :-* Fecha: 17/11/2005 21:03.
A mí me da que la prehistoria de esta historia tuvo que estar una noche de verano en un pinar, años ha de ello, en los asientos de atrás de un coche y unas bragas en la guantera. Los seguros, echados. Los cristales, subidos. Y él, Z, resuelto a quedar como lo que es: un hombre cuidadoso y solícito que deposita las bragas de ella en la guantera. Y ella, Z, reubicando mentalmente la palanca de cambios y pensando, proféticamente, en el beneficio que la técnica podría aportar con la supresión de esos molestos apéndices protésicos, que van a interferir con otro, menos protésico y más natural. Fecha: 18/11/2005 21:34. Autor: La donna è mobile Gracias a todos. Sólo quisiera añadir una puntualización al Lector en la sombra. Cuando empiezas diciendo "A mí me da que la prehistoria de esta historia (...)", a mí me cuadra más, con el desarrollo de esta pareja, la variante "A mí me da que la prehisteria de esta histeria..." y así. Ya se irá viendo. :-) Gracias otra vez. Fecha: 20/11/2005 10:32. |
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